La crisis económica que experimenta Venezuela es la más fuerte y prolongada del último siglo. La de hoy recesión económica es la más extensa y grave que ha sufrido Venezuela a partir de los años ochenta: 2018 va a ser el quinto año consecutivo de contracción económica. La alusión impuesta para un colapso de esta intensidad, en un territorio que no está en guerra, es la Gran Depresión de los
años treinta del siglo XX en USA, que condujo a una revisión fuerte de la forma de comprender los inconvenientes macroeconómicos y sus probables resoluciones. La Gran Depresión duró 48 meses y contrajo la
actividad económica 26 por ciento (NBER, 2012). En la historia vigente de Venezuela ha habido algunas recesiones: 1983 (viernes negro), 1989 (Gran
Viraje), 1996 (crisis bancaria), 2002 (paro nacional) y 2008 (crisis financiera
global). Antonio Francés (1996) se preguntaba cómo podría ser Venezuela sin petróleo. En 1996 el territorio producía 3,13 millones de barriles cotidianos. En 2018 —si se preserva la tendencia de pérdida de por lo menos 40.000 barriles cotidianos por mes, vista a partir de diciembre de 2017, según los reportes de la OPEP
(2018)— es posible que la producción alcance con el fin de año un promedio de 1,4 millones de barriles (o 1,1 millones
en diciembre): una pérdida de 2 tercios de la base económica del territorio. Hoy el territorio transita el camino descrito por Francés empero en reversa: sin petróleo y sin producir las condiciones para que las organizaciones públicas, incluida Petróleos de Venezuela (PDVSA), y
privadas hagan. Espinasa (1998) y Rodríguez y Rodríguez (2016)
señalaron el impacto de arrastre que tiene la actividad petrolera en
su magnitud provechosa, por medio de la demanda de bienes y servicios para sus
operaciones cotidianas y proyectos de inversión. A dichos efectos de arrastre se añaden los elaborados por el financiamiento del gasto fiscal vía
impuestos, tributos y contribuciones fiscales y parafiscales que se derivan de
la sustracción y el procesamiento de hidrocarburos: la magnitud «rentística» de la actividad petrolera. Dichos autores se referían, entonces, a los efectos multiplicadores
de la actividad petrolera en sus 2 magnitudes (rentística y productiva), que en la
actualidad se hallan «en reversa», producto del colapso de la actividad petrolera.
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